49. Tenemos la ubicación
Dina se agachó frente a ella, observándola con una calma inquietante.
Sus ojos brillaban con esa chispa enfermiza que solo daba la envidia.
—No sabes cuánto te odié al verte con él. Lo tenías todo. Naciste siendo una Romanov, cualquier cosa que querías siempre era tuya sin pedirla e incluso después de que tu padre ‘’muriera’’ tu hermano se hizo cargo, dejaste la danza y luego la retomaste como si el tiempo no hubiera pasado, mientras que yo seguía casi en el mismo punto desde que te fuiste, cal