40. Es mi papá...
Rashel aún tenía el maillot y las zapatillas que Valerik le había regalado.
No podía borrar de su cara la sonrisa que tenía, después de todo había sido aceptada en la academia, no por su apellido, sino por su talento.
La ventana sonó apenas y Rashel giró lentamente.
Apoyado contra la pared, en sombra, con la chaqueta abierta, las botas sucias de tierra. El cabello más desordenado que nunca. Y los ojos… fijos en ella, como si no hubiera nadie más en el mundo.
—Estuve preguntándome como un idiota