17. Desesperación
Dimitry no se perdió de la mirada que le dio su mejor amigo.
Valerik parecía como si finalmente aceptara un secreto que lo había consumido por dentro durante mucho tiempo.
Dimitry apretó la mandíbula.
—Repítelo —añadió con voz letalmente fría.
Aquella era la jodida voz que había hecho estremecer más de un mafioso y quizás él debió tener miedo, pues nadie es como Valerik sabía lo que era capaz de hacer Dimitry, sin embargo, estaba demasiado cansado como para seguir fingiendo.
Lo miró fijamente desprovisto de las burlas a las que estaba acostumbrado para aliviar el ambiente.
—Sé que lo sabes —admitió—. La amo. esto es bastante cursi para mí pero es… lo que siento. La amo de verdad, estoy enamorado de ella hasta los huesos. No sé cómo carajos pasé de verla como una adolescente a verla como a la mujer que quiero hacer mía para siempre.
Dimitry gruñó acercándose a él feroz.
—¿Sabes lo que jodidamente estás diciendo? No vas a romperle el corazón.
Valerik sonrió ladinamente liberándose de su