12. Blindada
—Te lo diré pronto si no estás muy cansada y por supuesto, si quieres acompañarme.
—¿Acompañarte a dónde? No estoy cansada —preguntó Lya con la voz temblorosa.
Ninguno de los dos se había apartado, estaban susurrando como si estuvieran diciendo secretos que nadie más pudiera escuchar aunque estuvieran solos en la habitación.
—No será hoy, pero es un secreto, Gattina.
Gian estabilizó a Lya y tuvo que luchar consigo mismo para soltarla.
—Primero quiero que estés segura.
Cuando ella vio que él ib