Al acercarse al coche de Renato, Sara se detuvo por un instante para observar el estado en que había quedado el vehículo. La carrocería estaba marcada por varios disparos. No necesitó pensar mucho para entenderlo: si todas aquellas balas habían sido disparadas contra él, alguien realmente quería verlo muerto.
Abrió la puerta despacio.
En el asiento había fragmentos de vidrio esparcidos, mezclados con la sangre de Renato. El olor metálico aún estaba allí, demasiado fuerte. Una vez más, su mente