Alessandro estaba solo con una toalla enrollada en la cintura, el cabello aún húmedo, señal de que acababa de salir de la ducha.
Por la expresión burlona en su rostro, no parecía un hombre tomado por el remordimiento o el miedo. Al contrario, parecía alguien que llevaba tiempo esperando aquello.
—Así que ahí estás, canalla —disparó Renato, girándose hacia él. —¿Cómo te atreviste a ir detrás de mi esposa y tocarla?
—Ah, deja ese drama —despreció Alessandro. —¿De verdad crees que esa historia de