El ambiente pareció cambiar en el mismo instante en que Renato se apartó, dejándome en una posición totalmente vergonzosa. Yo estaba solamente con la ropa interior y nunca me había sentido tan expuesta frente a alguien.
—¿Cuándo fue que te hizo eso? —preguntó, y confieso que su tono de voz me asustó al instante.
—No importa —respondí.
—¿De verdad vas a querer hacer este jueguito, Sara? —alzó la voz. —¡Habla de una vez, antes de que pierda la paciencia contigo y te obligue a hablar!
Sabiendo que