Sin poder creer lo que oía, Raquel se levantó del suelo, todavía en shock.
—No puedes hacerme esto —dijo, con la voz temblorosa. —Juraste que te gustaba, que querías huir conmigo porque me amabas.
—Y caíste como una tonta en mi charla —disparó él, ya revisando el armario en busca de ropa. —Como el propio Renato dijo, fuiste demasiado fácil.
—¡Canalla! —gritó, avanzando para darle una bofetada.
Antes de lograrlo, Alessandro le sujetó el brazo con fuerza, impidiendo el golpe.
—¿Quién te crees que