Mesmo sob las miradas curiosas de algunos huéspedes, Renato cruzó el pasillo con Sara en brazos y la llevó directo a la suite donde se hospedaban. En cuanto entró, cerró la puerta y la acostó en la cama con todo el cuidado, como si cualquier movimiento brusco pudiera lastimarla aún más.
—¿Dónde te duele? —preguntó, inclinándose ya sobre ella.
—La espalda —respondió, haciendo una mueca al intentar acomodarse.
—Déjame ver —pidió.
Aunque avergonzada, Sara se giró despacio. Renato levantó con cuida