—Suéltame, Raquel. ¿Acaso perdiste la noción? —pidió Sara, intentando zafarse.
—La noción la perdiste tú —replicó Raquel, con un tono de desprecio. —Creyéndote en un lugar como este… ¿Cómo puedes estar tan a gusto así? ¿Quién te crees que eres?
Algunos huéspedes cercanos empezaron a lanzar miradas curiosas. Sara lo notó y respiró hondo, luchando para no dejar que la situación se saliera aún más de control.
—Suéltame —pidió, en voz baja. —Estás llamando la atención.
Raquel no quería retroceder,