Renato Salles
Ya no sabía cuántos días habían pasado desde que llegué a aquel lugar. El olor fuerte del alcohol me dejaba liviano, casi flotando, y con cada prostituta que entraba en mi habitación nacía en mí un deseo extraño, no de placer, sino de satisfacerme como si aquello fuera una forma de venganza por todo el tiempo en que fui fiel a la desgraciada de Raquel.
En aquel lugar, ya no sabía distinguir si era de día o de noche. Las horas parecían arrastrarse y, al mismo tiempo, desaparecer. N