Sara Lemos
El cielo ya comenzaba a oscurecer cuando sentí que la vista se me nublaba. Me sentía débil y agotada, ya que no había comido nada después de la comida que Odete me había llevado. Además, el estómago se me revolvía por el olor fuerte de aquel lugar.
Sintiendo que las piernas me temblaban, me di cuenta de que estaba a punto de caer en el barro cuando, de repente, unos brazos fuertes me sujetaron, impidiendo que fuera a dar contra el suelo. Al alzar la mirada, vi que el capataz que me a