El mundo pareció girar por un segundo mientras él escuchaba aquello.
—¿Qué? —preguntó, sin creer lo que oía.
Ella sostuvo la mirada y repitió, enfatizando cada sílaba:
—Estoy embarazada y el hijo es tuyo.
Renato se quedó inmóvil. La expresión dura que llevaba se transformó, lentamente, en incredulidad.
—Estás mintiendo —dijo, aún en shock.
—¿De verdad crees que tendría el valor de inventar algo tan grave como esto? —replicó.
Él se quedó en silencio. Se pasó la mano por la frente y se giró, alej