Mirando la pantalla del teléfono, sintió unas enormes ganas de arrojar el aparato fuera del coche, solo para aliviar un poco de la rabia que lo consumía. Sin embargo, sabía que descargar su furia en algo que no tenía culpa sería solo otra pérdida de tiempo.
—Voy a matar a ese desgraciado… —murmuró entre dientes.
Intentando controlarse, volvió a sujetar el volante y retomó la conducción. Necesitaba llegar al hotel lo más rápido posible.
El trayecto hasta allí fue uno de los más largos de su vida