Al despertar, Lorena tardó algunos segundos en entender dónde estaba. Cuando el recuerdo de la noche anterior volvió a su mente, una sonrisa satisfecha se formó en sus labios. Al girar el rostro hacia el otro lado de la cama, percibió que Renato ya no estaba allí.
Se pasó la mano por el cabello, satisfecha. Finalmente, había conseguido lo que tanto soñó. No importaba el motivo que lo llevó hasta allí. Si fue rabia, dolor o alcohol. Lo que importaba era el hecho de que Renato había cedido. Y aho