En su habitación, recostado en la cama, Renato miraba al techo, completamente paralizado. Sus ojos apenas parpadeaban, y la expresión en su rostro era imposible de descifrar. Se sentía muerto por dentro, como si su alma hubiera sido arrancada a la fuerza.
La cabeza le latía, y el brazo le dolía por el puñetazo que le había dado a Humberto y por el esfuerzo que hizo para sacar a Sara de aquella casa a toda prisa.
Sara…
Solo de pensar en su nombre, su corazón parecía sangrar. La imagen de ella co