En la mesa del almuerzo, el ambiente estaba un poco pesado. Constanza no dejaba de lanzar miradas acusadoras hacia Sara, pero no decía nada.
El silencio empezó a incomodarla.
Cansada de aquello, Sara decidió preguntar por su madre. Como ella y Renato habían desviado el asunto en el dormitorio hacia algo íntimo entre ellos, aún no había tenido valor de tocar ese punto.
—¿Dónde fue que dejaste a mi madre?
—En un hotel —respondió él, sin rodeos.
—Apuesto a que fue de aquí hasta allá murmurando.
Son