—Buenas noches, Sara —dijo él, levantándose para apartar la silla para ella.
El gesto la tomó por sorpresa, ya que Alessandro no tenía esa costumbre.
—Buenas noches —respondió, sentándose.
—¿Cómo fue tu día? —preguntó él.
—Bien, gracias —dijo, un poco nerviosa. —¿Y el tuyo?
—El mío fue agitado, como siempre —explicó él, sirviéndose agua. —Pero confieso que fue un día productivo.
—Qué bueno —murmuró ella, ofreciendo una leve sonrisa mientras observaba los platos sobre la mesa.
Por más que la pre