—¿Qué? —balbuceó.
—Fue lo que acabas de oír. ¿Qué opinas? —continuó. —Tampoco eres algo para tirar a la basura.
La frase terminó arruinándolo todo.
—¡No soy un objeto! —dijo ofendida.
—No fue lo que quise decir. —Corrigió. —Dime la verdad, tú también te agradas con mi apariencia. ¿Por qué no lo intentamos? Quién sabe, puede que funcione.
—¿Por qué decidiste pasar la noche diciendo un montón de cosas extrañas? —preguntó sin paciencia, no le gustaba que las personas bromearan con ella.
—¿Qué fue