Cuando Maia llegó a la mansión, extrañó el silencio en la casa.
Encontró a Théo sentado a la mesa, en el comedor, en silencio. Él comía solo.
—Buenas noches. —Lo saludó.
—Buenas noches, ¿por qué tardaste? —La voz de él sonó suave.
—Tuve un imprevisto. —Respondió, sentándose a la mesa con él.
No iba a decir cuál había sido el imprevisto, ya que no quería que Théo se involucrara en su vida particular, aún más siendo cosas que no tenían nada que ver con los dos.
—Debiste haberme llamado y avisado.