Maia observaba lo mucho que la niñita parecía haberle gustado Théo y le pareció bueno, ya que Lis podría sentirse más a gusto. Sin embargo, algo estaba incomodándola, solo que no sabía qué era.
—Ahora que vamos a salir de aquí, podemos pasar a dar una vueltita en un parque, ¿qué te parece? —Théo continuaba, intentando ganarse la confianza de la pequeña.
—¡Yo quiero, yo quiero! —Lis decía eufórica.
—Creo que todavía no es una buena idea, mi amor. —Se agachó cerca de la hija. —Necesitas ir a casa