Al despertar por la mañana, antes incluso de abrir los ojos, Maia sintió el intenso olor del perfume de Théo y pensó que estaba abrazando su almohada.
—¿Por qué tienes que oler tan bien? —preguntaba, abrazando aún más.
—No me culpes por algo que no controlo. —Théo respondió entrecortado.
Fue entonces cuando ella se acordó de la noche anterior. De inmediato, saltó de la cama, lo que terminó asustándolo.
—Maia, ¿son esos modos de despertarme por la mañana? —preguntó aún somnoliento.
—Yo no quería