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Maia sabía que ese extraño sentimiento no podía ser llevado adelante, ya que Théo no era un hombre para ella, fuese por sus actitudes o por su clase social. A lo que él se refería era que debía protegerla porque era su obligación, mientras las dos estuviesen en su casa.

Al menos eso era lo que ella obligaba a su mente a creer.

—Está bien. —Se alejó de él. —Si tú garantizas que ella estará segura, me quedo más tranquila. Espero que tengas razón; cuando tu abuelo descubra que terminaste casándote
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