Valentina se estaba acomodando el saco frente al espejo del vestidor cuando sintió los brazos de Dante rodeándola por detrás.
No dijo nada. La apoyó contra su pecho con esa firmeza tranquila que había desarrollado en las últimas semanas, la barbilla sobre su cabeza, los ojos en el reflejo de los dos. El vientre de Valentina quedó entre los brazos de él, y Dante le apoyó las palmas sobre él con naturalidad, como si ese fuera el lugar exacto donde tenían que estar sus manos.
—Tengo reunión a las