Marcos llegó al cuartel a las diez con un nombre.
No era un nombre importante en la estructura de la organización. Era un hombre de tres niveles por debajo de la cadena de mando real —el tipo de eslabón que nadie investigaba porque nadie lo consideraba capaz de hacer daño real—. Ocho meses en la organización, contratado a través de un intermediario que en su momento pareció suficientemente verificado.
—Se llama Girardi —dijo Marcos, dejando la carpeta sobre la mesa—. Treinta y dos años. Vive en