El restaurante era pequeño y discreto, en una calle lateral del centro que no aparecía en ninguna guía. Dante llegó con cinco minutos de adelanto y se sentó de espaldas a la pared, como siempre, con Marcos en una mesa al fondo y dos hombres afuera que Rossetti no iba a ver pero que estaban ahí igual.
Rossetti llegó puntual. Solo, lo cual decía algo. Un hombre como él que llegaba sin escoltas a una reunión con Dante Ferreira o tenía mucha confianza o quería aparentar.
Se sentaron. Pidieron sin m