El tiempo siguió avanzando y Mateo ya tenía veinte años.
Aprendió a caminar en marzo, dijo sus primeras palabras en junio, y para cuando tuvo tres años ya hacía preguntas que ninguno de los dos sabía bien cómo responder. Sofía llegó cuando él tenía diez, con esos ojos que cambiaban según la luz y una manera de ocupar el espacio que no había sacado de ninguno de los dos sino que era completamente suya.
Los años pasaron y Mateo ya no necesitaba que nadie le explicara nada dos veces.
Dante lo obse