Llegaron al dormitorio de la mano, tal como habían subido las escaleras; ninguno había soltado al otro desde la entrada. Dante cerró la puerta. Valentina se giró hacia él en la penumbra, bajo la luz de Milán que se filtraba por las cortinas. No dijo nada; no hacía falta. Él la observó y acortó la distancia con la seguridad de quien no necesita apresurarse.
La besó despacio. Valentina apoyó las manos en su pecho, recordando que hacía apenas un año no sabía si él despertaría del coma. Ahora estab