Dante llegó a la mansión pasadas las diez de la noche.
El vuelo desde Dubái había durado seis horas y media. Reyes había dormido casi todo el trayecto con esa habilidad suya para desconectarse en cualquier condición. Dante no había dormido nada. Había pasado las primeras dos horas revisando los reportes que llegaban en tiempo real sobre las reacciones iniciales de los cuatro líderes después de la reunión, y las últimas cuatro mirando por la ventanilla la oscuridad del Mediterráneo sin pensar en