Había pasado una semana desde la cena.
Valentina se había dado cuenta de que los días se medían diferente ahora, no por lo que ella tenía que hacer sino por los momentos en que Dante estaba cerca y los momentos en que no.
Esa mañana él estaba en el despacho con Marcos y dos hombres que Valentina no reconoció, y la puerta estaba cerrada, y ella llevaba veinte minutos en el pasillo haciendo exactamente nada con una taza de café en la mano esperando a que terminaran.
No lo analizó demasiado.
Cuando