—No —dijo Valentina, en la oscuridad, sin dudar. —Nunca me lastimaste físicamente. Ni una sola vez.
Dante soltó el aire que había estado conteniendo.
—¿Estás segura?
—Completamente. —Se giró para mirarlo, aunque la habitación estaba demasiado oscura para verle bien la cara. —Hubo años en que apenas me dirigías la palabra. Me tratabas como lo que era el matrimonio para vos en ese momento, un acuerdo entre familias y nada más. Pero nunca, ni una sola vez, me pusiste una mano encima para lastimarm