Cuando finalmente llegó la hora indicada, Victoria se levantó con determinación. Miró el papel con el código de la cerradura, asegurándose de tenerlo bien guardado. Se acercó sigilosamente a la puerta de su habitación y escuchó atentamente cualquier ruido que pudiera delatar su escape. Con el corazón latiendo con fuerza en el pecho, giró la cerradura, la cual no tenía seguro gracias a que Alma la había dejado así para ella. Cuando la puerta se abrió sin hacer ruido, Victoria contuvo el aliento,