Amara abrió los ojos lentamente, como si surgiera desde el fondo de un sueño espeso y oscuro.
Su respiración era irregular, y lo primero que sintió fue el olor a desinfectante, frío y penetrante.
Parpadeó varias veces, intentando reconocer dónde estaba. El techo blanco, las luces suaves del monitor cardiaco, el pitido rítmico… era un hospital.
Pero lo que realmente la dejó sin aire no fue el lugar. Fue él. Liam.
Estaba sentado en una silla junto a su cama, inclinado hacia adelante, con la cabeza