Amara volteó apenas su rostro cuando sintió que la presión en su brazo disminuía. El hombre que la sujetaba había aflojado su agarre por un segundo, quizá lo suficiente para que ella pudiera respirar, pero no para liberarse. Fue entonces cuando lo vio.
La sombra que se interponía entre ella y la salida no era otra que Ronald.
Su corazón se desplomó.
—¿Tú?… —susurró con una mezcla de horror e incredulidad, como si el universo estuviera jugando en su contra.
Ronald sonrió con ese gesto retorcido q