Cuando Travis llegó a la casa, Leslie lo recibió como si fuera el altar de su vida: corrió hacia él, lo abrazó con fuerza y buscó en sus ojos la confirmación que necesitaba.
—Amor, ¿qué ha pasado? ¿La convenciste? —preguntó, la voz cargada de esperanza y un filo de impaciencia.
Travis dejó caer los hombros y exhaló un suspiro largo, como si aquel aire arrastrara todo su orgullo. Negó con la cabeza.
—No. —dijo, la palabra sonó fría—. Sídney se niega. No quiere tener otro hijo. Le ofrecí dinero, s