Travis tenía las manos en un puño de rabia, la mandíbula rígida, tensa hasta dolerle, y los ojos llenos de una furia que parecía capaz de quebrar todo a su paso.
Sin decir palabra, simplemente tomó a Sídney entre sus brazos.
Ella gritó, un grito que brotaba de su garganta como un aviso, una advertencia que no podía detener aquel torrente de rabia que consumía a Travis.
Connor, que había sido testigo de la escena, reaccionó inmediatamente, avanzando para interponerse.
—¡Suéltala! —gritó con la vo