Liam la observó en silencio, sin parpadear, como si la sola presencia de Amara removiera un enjambre de emociones que llevaba años intentando enterrar. Bastó un instante… y el pasado se precipitó sobre él con la fuerza de un golpe que lo dejó sin aire.
La vio de nuevo arrodillada frente a él, aquella noche que había marcado un antes y un después en sus vidas.
—Por favor, Liam… salva a Ronald, y seré tu esposa. Seré una buena esposa, te lo juro…
La súplica, la voz rota, la desesperación. Todo regresó con un filo tan agudo que volvió a abrir heridas que jamás habían terminado de cerrar. Él apretó la mandíbula, tragó dolor, rabia, impotencia.
El recuerdo seguía siendo un cuchillo clavado en su corazón.
Respiró hondo, intentando recuperar la compostura. Cuando habló, su voz sonó grave, firme, llena de un peso que a Amara le erizó la piel.
—Bien —dijo al fin—. Entonces quiero una gran fiesta… mejor que la primera vez. Quiero algo perfecto, algo que todo el mundo vea. Haremos una boda muy gr