Sus bocas se encontraron en un beso húmedo, cargado de todo lo que no habían dicho en meses, quizá años.
No fue un beso suave ni inocente, sino un choque de almas heridas que aún se reconocían entre la culpa y el deseo.
El sabor a deseo, a tiempo perdido y a nostalgia se mezcló con el calor de sus labios.
Las manos de Travis buscaron su rostro como si necesitara asegurarse de que era real, de que ella seguía ahí, respirando, sintiéndolo.
El beso se volvió más profundo, más desesperado, un refug