Liam recibió la llamada de Andrew a mitad de la tarde, justo cuando intentaba concentrarse en unos documentos que no lograban retener su atención. Conocía a su mejor amigo desde hacía años; habían atravesado juntos pérdidas, negocios fallidos, traiciones, rupturas… pero jamás, nunca, lo había escuchado así. Su voz no era la de un hombre triste, ni siquiera la de alguien enojado. Era la voz rota de alguien que acababa de perder una parte de sí mismo de una forma brutal.
Cuando la llamada se cortó