—Stelle, ¿de qué hablas? —Andrew frunció el ceño, incrédulo, casi ofendido por la sola insinuación.
Ella tragó saliva, sus manos temblaban, pero sus ojos se mantuvieron firmes. No podía dar marcha atrás.
—Beatriz… —respiró hondo— ella te está engañando.
Las palabras cayeron entre ellos como un jarro de agua helada. Andrew se quedó inmóvil, como si no pudiera comprender lo que acababa de escuchar.
Luego, su reacción fue explosiva.
—¡Stelle! ¿Cómo te atreves a decir algo así? —rugió, indignado— ¡H