—¡Levántate, Liam! ¡No puedes hacerte esto!
La voz de Travis retumbó en aquel bar vacío, impregnado de olor a alcohol viejo y derrota. Liam apenas reaccionó. Estaba tirado en el suelo, con la camisa arrugada, el cabello pegado a la frente por el sudor y las lágrimas. Cuando levantó la mirada hacia su padre, la confusión en sus ojos se mezcló con un dolor profundo, casi insoportable. Solo murmuraba un nombre entrecortado, una letanía que demostraba que su alma seguía atada a la misma persona.
—Amara… Amara…
Travis lo levantó con esfuerzo, cargando el peso muerto de su hijo. Liam era un hombre fuerte, pero en ese estado parecía sin vida, consumido por el abandono. Mientras caminaban hacia el auto, Liam se tambaleaba, apoyándose en su padre, repitiendo el nombre de la mujer que lo había dejado.
Era como si el mundo entero se hubiera reducido a ese vacío que ella dejó atrás.
***
Cuando llegaron a casa, Sídney corrió hacia ellos. Al ver a Liam, se cubrió la boca con las manos, incapaz de c