Sídney estaba sentada en la fría sala del hospital, esperaba poder visitar a su pequeño Liam.
El ruido constante de las máquinas y los murmullos lejanos de los médicos se mezclaban con el latido acelerado de su propio corazón.
Sentía miedo, pero también una determinación férrea que la mantenía en pie.
De repente, una figura conocida se acercó a ella con paso cuidadoso y ojos llenos de compasión.
Era Brenda, su amiga más cercana, quien siempre había estado a su lado en los momentos más oscuros.
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