Liam cruzó la puerta de la iglesia y, en el instante en que su silueta se dibujó bajo la luz, Amara sintió que el mundo entero se le escapaba de las manos.
El aire se volvió espeso. Su corazón golpeó tan fuerte que por un momento creyó que iba a desmayarse. Era, como ver una aparición, un espejismo nacido de la desesperación… pero estaba ahí, real, respirando, avanzando hacia ella.
Su traje negro estaba impecable, aunque llevaba la corbata ligeramente torcida, como si hubiera corrido, peleado o,