—Liam Mayer… —Amara apenas podía respirar mientras hablaba—. ¿Por qué compraste estas acciones? Por favor… te lo ruego… véndemelas. Te las pagaré incluso diez veces más. Lo que quieras. Solo devuélvemelas.
Liam soltó una risa breve, seca, casi burlona. No tenía nada de humor; era una herida abierta convertida en sonido.
—No lo haré —contestó con absoluta seguridad—. Estas acciones… se las voy a regalar a mi hijo cuando nazca.
La palabra hijo fue como una bofetada.
Amara retrocedió un paso, sintiendo cómo el aire se congelaba alrededor de ella. Sabía que Liam no tenía reparos en herirla emocionalmente, pero escucharlo decirlo con tanta naturalidad… la destruyó un poco más.
—¿Por qué haces esto? —preguntó con la voz rota—. ¿Por qué vienes y me dices… y haces esto? Yo… yo prometí que me alejaría de ti, te pedí perdón, sé que no puedes perdonarme, ni volver a amarme, y me duele, pero lo acepto, si es por tu felicidad, si no hay una oportunidad, está bien, aunque me duela, yo me lo merezco,