—Liam Mayer… —Amara apenas podía respirar mientras hablaba—. ¿Por qué compraste estas acciones? Por favor… te lo ruego… véndemelas. Te las pagaré incluso diez veces más. Lo que quieras. Solo devuélvemelas.
Liam soltó una risa breve, seca, casi burlona. No tenía nada de humor; era una herida abierta convertida en sonido.
—No lo haré —contestó con absoluta seguridad—. Estas acciones… se las voy a regalar a mi hijo cuando nazca.
La palabra hijo fue como una bofetada.
Amara retrocedió un paso, sinti