Sídney y Travis salieron de la casa casi sin aliento, con el pánico reflejado en el rostro.
—¡Tengo que impedir que cometa esa locura! —gritó Sídney, con la voz quebrada—. Glory está actuando como una impulsiva, no está pensando. ¡Ella nunca haría daño a su bebé, Travis! Pero está tan deprimida… tan desesperada…
Travis tomó las llaves con manos temblorosas, intentando mantener la calma que su esposa había perdido.
—Tranquila, amor. Sé en dónde está. Vamos a encontrarla antes de que haga algo de lo que se arrepienta.
El motor del auto rugió con fuerza y salieron a toda velocidad, mientras la noche parecía cerrarse sobre ellos como un manto de angustia.
Las luces de la ciudad se volvían borrosas, los semáforos pasaban sin que nadie los notara. El corazón de Sídney golpeaba en su pecho con una fuerza que dolía.
Sacó el teléfono con manos temblorosas y marcó el número de Connor.
—¡Contesta, por favor, contesta! —susurraba una y otra vez, hasta que escuchó su voz al otro lado de la línea.
—