El amanecer se filtraba entre las cortinas de lino, bañando la habitación con una luz dorada y suave.
El silencio era tan cálido que parecía abrazar. Sídney despertó lentamente, sintiendo primero el roce de las sábanas sobre su piel y luego el calor de un cuerpo a su lado.
Giró el rostro… y ahí estaba él. Travis dormía profundamente, su respiración era pausada, su pecho subía y bajaba en un ritmo sereno, tan distinto al hombre atormentado que había conocido días atrás.
Por un momento, Sídney lo