Lucía caminó rápido por el camino de tierra que conducía al edificio abandonado. La brisa nocturna era helada y el cielo, una mancha oscura sin luna.
Todo a su alrededor estaba envuelto en silencio, salvo por el ruido de sus tacones chocando con el suelo agrietado.
Miró hacia atrás varias veces, con el corazón latiendo, desbocado, convencida de que alguien la seguía.
Pero no vio a nadie. Solo sombras y ese miedo punzante que le recorría la espalda como una corriente eléctrica.
Cuando al fin lleg