El silencio del pasillo era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Solo se oía el zumbido distante de una lámpara y el golpeteo de unos tacones acercándose con lentitud.
Leslie estaba sentada en la sala de espera, los ojos hinchados, las manos temblorosas. Cuando el médico salió y la miró con expresión grave, su corazón se desplomó.
—En ese caso —dijo él con voz profesional, sin una pizca de compasión— me temo que el señor Donato Shepard entrará en la lista de pacientes que esperan un tr