El parque estaba lleno de risas y colores.
Globos azules y blancos se balanceaban entre los árboles, y los niños corrían con el rostro pintado, mientras la tarde caía con una luz dorada.
Sídney no esperaba aquella sorpresa. La fundación había organizado una fiesta para celebrar su cumpleaños, y entre juegos, abrazos y música suave, ella se sentía feliz... aunque no del todo tranquila.
La sonrisa en su rostro no lograba borrar la inquietud que habitaba en su pecho.
Aún no habían encontrado los restos de Donato Shepard, ni rastro alguno de Leslie. Los rumores eran confusos, las versiones contradictorias. Y aunque todos parecían convencidos de que Donato había muerto, Sídney no lo creía. Lo sentía.
Muy dentro de ella sabía que ese hombre seguía vivo. Y si algún día volvía a cruzarse con él, no huiría más.
Esta vez, estaba dispuesta a enfrentarlo... y a terminar con todo.
Se sentó sobre la manta de picnic junto a sus hijos. Liam, con sus rizos dorados y su curiosidad infinita, sostenía una