Catalya.
El aire olía a jazmín y a esperanza. El sol se filtraba entre los árboles del jardín principal, donde una multitud se reunía para celebrar el aniversario de la fundación “Yakamoz”.
En el centro, rodeada de niños que reían, Sídney sonreía con dulzura. Su rostro tenía la serenidad de quien ha conocido el dolor y ha aprendido a convertirlo en fuerza.
Estaba dedicando ahora sus fuerzas a ayudar a niños que lo necesitaban.
A su lado estaba Glory, trabajaba a su lado, habían dejado atrás el malentendido.
Sídney comprendió que Glory estaba en un mal lugar, ebria y sin control, y después de todo pudieron hablar sobre todo lo que pasaba entre ellas, prometiéndose de nuevo lealtad.
Glory observaba cómo los pequeños corrían, felices, con los juguetes nuevos que la fundación había conseguido para ellos.
Por un instante, pensó que la vida podía ser simple, que quizás ese pedazo de paz era el inicio de algo nuevo.
Pero la calma se quebró cuando lo vio.
Entre los invitados, avanzando con un